ACEITE DE OLIVA Y ENVEJECIMIENTO

El Consumo de Aceite de Oliva y la Salud

Foro de la Salud y la Gastronomía

D. José Mataix Verdú

Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos

Granada

 

Las expectativas de vida han experimentado un gran aumento, lo que hace que la cantidad de personas mayores de 40 años, representa un gran porcentaje de la población mundial, hasta el punto que en los años hacia la segunda década del año 2.000, aquel llegue a ser alrededor del 20% en países desarrollados.

En estos momentos preocupa la longevidad pero puede que dado, que esto, se le ve cercano de conseguir dentro del período vital del hombre, lo que cada día preocupa, más es la calidad de vida que va a tener el individuo que alcanza una edad a avanzada.

Dentro de las medidas y estrategias que se consideran para lograr longevidad y calidad saludable de la misma, destaca de una manera especial la dieta. Ahora bien, dentro de la dieta, hay que hacer dos tipos de consideraciones. La primera se refiere al aporte nutricional en donde no solo ha de asegurarse un adecuado suministro de nutrientes, sino una determinada calidad de algunos de ellos y especialmente el tipo de grasa o aceite comestible.

La segunda consideración respecto a la dieta es que tanto ella en su conjunto, como los nutrientes en particular y ejercen una evidente repercusión saludable, cuando actúan de una manera preventiva, el caso más evidente es el aceite comestible, en donde la mayor influencia hay que esperarle cuando se toma desde la niñez a la vejez, de una manera habitual.

Los países occidentales incluyendo obviamente a España, presentan mayor longevidad, pero muestran también una mayor prevalencia de enfermedades llamadas degenerativas, como la enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer, etc., que quitan calidad de vida en la edad avanzada, y así mismo también son causa de conducida aumentada mortalidad. Las razones de este hecho son varias, pero destacan entre ellas cambios en nuestros hábitos alimentarios, siendo uno de los más destacables el cambio en el tipo de grasa de la dieta habitual.

En la actualidad apenas se sabe nada de cómo se puede a través de la dieta lograr mayor longevidad. Lo único que está cada día más establecido es que una determinada restricción calórica de la dieta, se asocia a una mayor expectativa de vida, pudiendo globalizarse la reducción del contenido calórico en un 25%. Este hecho que está siendo comprobado en diversos animales desde una simple lombriz al mono, no ha podido, sin embargo, ser demostrado en humanos.

Por lo tanto, si bien se conoce que hay relación entre determinados componentes, de la dieta como es el componente lipididado y la mayor o menor frecuencia de enfermedades degenerativas, este hecho no es suficiente para establecer una relación más directa dieta-longevidad.

Por ello, lo que planteo a continuación es lo que el equipo del Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos está investigando, que aún siendo una hipótesis de trabajo, posee ya datos esperanzadores que confirman la misma.

Hoy en día cobra mayor fuerza lo que se denomina teoría mitocondrial del envejecimiento, que consiste en lo siguiente. La mitcondria es la estructura subcelular responsable de la obtención de energía, que hace posible la vida celular y por tanto la del organismo total. El envejecimiento puede producirse por daños mitocondriales, que hacen que la capacidad de producir energía sea cada vez menor. Los citados daños mitocondriales a su vez producen por la agresión oxidativa de unos componentes llamados radicales libres que se forman a partir del oxígeno que respiramos.

La estrategia nutricional que se puede poner en marcha es la formación de una estructura mitocondrial (membrana) menos atacable oxidativamente, con lo que los radicales libres la dañarán menos, conservando durante más tiempo, una adecuada eficacia energética y permitiendo por tanto, una mayor longevidad celular, y consiguientemente corporal.

La hipótesis de trabajo del grupo que dirijo, está haciendo esto, a través del consumo habitual de aceite de oliva, que permite que las membranas celulares, sean ricas en el ácido mayoritario del aceite de oliva, el ácido oléico, que es más difícilmente oxidable que otros ácidos grasos más insaturados, como lo que aportan los aceite de semilla en general.